MATÁRONLAS A GOLPES
Testimonio de Artemina López Alonso
Paquita Suárez-Coalla

Nací en Palacio el 18 de mayo de 1924, en una familia humilde. Vivía con mi madre, que tuviérame de moza soltera, y con mi buela y mis tíos. Mi padre hubiera marchao pa Cuba cuando la guerra de Melilla porque lo que-y esperaba era morir allá. Y entonces, siendo ya soldao, escapó pa Cuba. Luego él seguía escribiéndonos y mandándonos dinero, pero después fue cuando aquí estalló la guerra civil.
Mi madre dedicábase a las labores de casa y a la labranza, y yo ayudábala y iba a la escuela. Había una escuela que era mixta, de chicos y chicas, y luego, más tarde, ya hubo una maestra y ya nos separamos. En la escuela no había más que la pizarra y una aritmética o una enciclopedia pa todo, y no había más cosas. 
Después estalló la guerra y ya fue más difícil. A mi madre y a mi güela matáronlas cuando yo tenía trece años, y quedé sola con un primín de cinco años y una primina de tres porque mi tío, el padre de ellos, hubiera marchao pa Galicia. Este tío mío había venío con la mujer y un hijo de Cuba. Y resulta que a la mujer cogéula la guerra en Galicia, y él miró pasar p’allá y dejónos los dos chiquillos a mi buola, a mi madre y a mí. Y fue cuando mataron a mi madre y a mi buola, y quedé yo sola, de trece años, con ellos. Vinieron a buscalas a las seis de la mañana, lleváronlas pa esas casas del ríu, y allí las mataron y las enterraron en la tierra. A mí también me sacaran, pero luego dijeron: “Si despiertan estos chiquillos van volvese locos”; así que dejáronme pa cuidalos. Y llegó por la mañana, y como nun vinieron, fui mirar desde un campo que se ve el ríu y ya vi en una tierra cavao y ya se me metió pola cabeza que las enterraran allí. Conque vine pa casa, fui con los chiquillos a casa de un tío que tenía en La Viña, y la mujer, ya cuando nos vio empezó a dar voces. Y los vecinos nun querían ni allegase a nosotros porque temían que allegándose a nosotros los perjudicáramos a ellos. A mi madre y a mi buola matáronlas porque tenían un tío fugao. Sabían que andaba pol monte pero nun sabían dónde taba, y después cogiéronlo en una cueva cerca de Bohiles. Luego yo tuve dos meses sola con los chiquillos, hasta que vino mi tía de Galicia. Y mi tío volvió a los cuatro meses porque por allí taba revuelto. Y desde entonces, desde que mataron a mi madre y a mi buola, a mí ya se me perdió la vida. Viví con mi tío y mi tía en Palacio, junto a casa Marisa, y ya te puedes imaginar cómo me sentía. Llorando, pero poco, porque los chiquillos garrábanse a mí y cuando me veían llorar lloraban ellos. La verdá que fue muy duro, muy duro. 
Después, a los 18 años, ya me casé y entonces la cosa ya fue un poco más fácil. Él trabajaba en la construcción y al principio tuvimos viviendo ahí p’allá en la última casa de Llamero. Luego vinimos p’acá, y hubo que levantar esta casa toda porque taba tirada de la guerra y nun tenía más que las paredes. Y entonces ya hicimos vivienda aquí.
De casada yo anduve trabajando por las tierras y ayudando por las casas. Entonces había muchas andechas y llamábante de una casa y de otra pa ayudar. Juntábamonos unas cuantas, igual dieciocho, y íbamos a sallar pan o maíz, o lo que fuera. Hoy en una casa, mañana en otra, y así. Antes no había de qué vivir más que de la aldea y yo trabajé en la tierra todo el tiempo. Tenía también tres vacas y además tenía que hacer por casa lo que hubiera que hacer y criar a un sobrín de Manolo que taba con nosotros.
En la época de Franco nun tuvimos ninguna represalia, y yaen el 42 o 43 enterramos a mi madre y a mi güela. Trajímoslas a las dos en una caja y llevámoslas pal cementerio. Pero, con todo lo que había pasao, la gente tenía mucho miedo. Y la gente ni sabía por qué fuera la guerra. Los fugaos andaban tiraos al monte porque venían los gallegos arrasando. Y entonces, al no encontralos, cogían a los familiares. Aquí viniera una tropa con un sargento malísimo, que fueron los que mataron a las de mi casa, y que llamaban el sargento Blázquez. Y aquello fue el terror. Pero ya cuando Franco nun había tanto miedo. Tabas cohibío porque nun podías hablar ni podías decir, como ahora, yo soy de este partíu o yo soy de este otro. Y venían las elecciones y todos votaban sí, aunque fueran de otro partíu. Todo por la represión tan grande que había. Pero cuando la guerra aquí se pasó muchísimo. Había una chavala ahí en bajo, que lleváronla del lao de la cueva de San Román, y desde Aces oíanse las voces que daba. Y nadie supo qué hicieran d’ella. A otra cogiéronla y lleváronla pal monte cerca La Reigada. Y en el Monte Llamero quemaron la casa del marido mío con la buola dentro, viva. Quemaron la casa, cola buola, y mataron tres fías. Una allí delante, otra tiróse por unas tierras y otra trajéronla pa Ferreros. Hicieron lo que-ys dio la gana d’ella y después lleváronla pal ríu y matáronla en el ríu. Tres fías mozas y la güola. Cuando mataran a mi madre y a mi buola, nosotros fuimos dormir con unas hermanas qu’eran solas hasta que vino mi tía de Galicia. A ellas lleváronlas el día San Juan, el día 24 de junio, y ese mismo día las mataron. El día San Juan. Y un soldadín del Fresno que viera toda la historia díjome que las mataran la mitá a palos y la mitá a golpes. Y mi madre tenía 34 años y mi buola 70. 

Mi madre, desde que me tuviera a mí, nunca más salió al baile ni a ningún lau, namás qu’en casa. Y después fue cuando estalló la guerra y mira qué figura llevó. Mi padre taba en Cuba y murió en Cuba. Y siempre me mandó dinero. Pero yo a él no lo conocí. Mi madre taría de dos meses cuando marchó pa Cuba por culpa de la guerra de Melilla. Si no, hubiérase casao con mi madre porque él siempre me mandó dinero. Tovía me lo mandó a mí después de morir ella. Ahora haz tiempo que nun sé d’él, pero tien que tar muortu; si no tendría 95 años. Y desque a mi madre la mataron él casárase, y sé que tengo una hermana allá pero nun la conozco. Mi padre llamábase Pepe y era de Ferreros, y mi madre de aquí de Palacio, de Llamero. Y uno de aquí de Ferreros que fuera pa Cuba, decíame: “Si tú me lo dices, en el Centro Asturiano hubiérate sacao yo algo.” Cuando mi madre quedó en estao, la familia apoyóla bastante. Nunca-y dijeron nada y conmigo taban locos, queríanme mucho. Pero con la guerra a mí ya me cambió la vida. Y el tío mío que taba fugao tenía una hija de dos años, y a la mujer, que taba pa dar a luz, fartucáronla a palos ahí debajo una panera, en Palacio. Y hasta bailaron enriba d’ella, y como taba de siete meses echó una chiquilla negra como un tormento. Echóla muorta. Y ese mismo día mataron a otros tres también a golpes. Y ella nun murió pero nun valió pa nada nunca más. Tenía siempre depresiones y taba medio transtornada. La gente quedó muy mal, y hubo mucho tiempo que nun se chillaba ni había gracia pa hacer bailes porque no hubo casa en pueblo que nun-y llevaran algo. 
Yo luego fui creciendo, y a los 16 años o así empecé a salir al baile. Eras joven y tenías ánimo. Acuérdome que-y decían las vecinas a mi tío: “A ver si va tar toda la vida en casa.” Y empezaron a mandame al baile. Aguantando lo que aguanté ya se aguanta cualquier cosa, nun sé si ye que nun tien unu mucho sentíu en esa edad, pero yo ya llorara y pasara bastante así que qué iba a hacer. Tenía que sobrevivir. Además taba tirando por aquellos dos chiquillos y cuidando dos vacas. Después paríu una y el tío que tenía ahí en la Viña llevóla pa vendémela y quedóme una sola. Pero yo nun sabía segar, ni catar, ni nada. Teníamos patatas, y había que arrancar patatas pa comer, y yo nunca una patata arrancara de la tierra porque hacíanlo todo mi madre, mi buola y mi tío. Yo nunca cogiera ni un picón porque era la niña bonita. Y después, de golpe, todo. Así que hasta que me casé pasélo trabajando, y después de casame igual porque yo iba mucho pal Monte pa casa mi suegra. Pero, a parte del trabajo, ya todo fue mejor. Él ganaba dinero y nosotros valíamonos bien, y la vida empezó a mejorar. 	

Pa lavar había que llegar en veranu al ríu, y de inviernu a un lavaderu con techu que hay ahí. Pero este lavaderu ye muy escasu de agua, y en cuanto empezaba a venir el veranu ya no había agua y tenías que ir, con la ropa al hombro, camín del ríu. Íbamos una vez a la semana. Ajuntábamonos unas cuantas, cinco o seis, llevábamos la comida y pasábamoslo bien. Hablando, mientras lavábamos la ropa. Echábamos la ropa blanca al verde y la de color traíamosla seca pa casa. Después ya empezamos a ir con burros porque la ropa mojada pesaba mucho pa subila. Yo nunca cargué nada en la cabeza, cargábala siempre al hombro. Llevaba un cestu de esos que llaman de carretera y echábala al hombro. Y al mercáu nun iba porque nosotros teníamos namás pa en casa. Mi tíu diérame unas tierras cuando me casé pero nun alcanzaba pa vender. Teníamos además tres vacas, que atendía yo, y lo que se sacaba de la leche daba pa pienso, pa pagar yo la agraria, y tovía me quedaba alguna perra. 
Antes de casame íbamos al baile a Murias, a Ventosa y a La Reigada. Había tres salones y las fiestucas de acá. En Llamero éramos por lo menos diecisiete mozas y íbamos todas en un piño. Íbamos andando a La Reigada así tuviera nevando. Y los chavales iban alguna vez con nosotras, aunque luego ya empezaba a haber alguna bicicleta y ellos iban en bicicleta. Pero nosotras, aú la teníamos. Ellos, a lo mejor, andaban por ahí ganando algo y comprábanla, pero nosotras, si teníamos dinero pa sobrevivir era bastante. Un vestido pal invierno y otro pal verano, no había más. Y si tenías una chaqueta era pa de invierno y pa de verano. Y los zapatos igual. ¿Quién tenía zapatos pa poder ir de zapatos desde casa? Deshacíaslos antes de llegar porque aquellos zapatos que había entonces nun valían, eran como si fueran de cartón. Íbamos, o de zapatillas o de alparagatas, y al llegar al salón calzábamonos. Y un día en La Reigada dejamos las alparagatas en un bardón y cuando salimos taba nevao y nun las encontrábamos; tuvimos que andar entre los espinos buscándolas y luego calzar las alparagatas todas mojadas. 
Porque después de la guerra quedara todo muy mal. Casas incendiadas y destruidas que hubo que empezar a reponer. Esta casa saqueáronla completamente. Y la de Alfredo, en Palacio, también la saquearon. Las dos las saquearon enteras el mismo día. Colchones, muebles, vacas, todo-ys llevaron. Hasta las espigas del trigo llevaron. Así que tuvieron que empezar de la nada. Josefa vino de Gijón, nun sé cómo compró una vaquina, y empezó ella sola a trabajar la güerta que tien delante casa, que taba toda abandonada. Pero empezaron los vecinos a ayudala con la tierra, a abonala, y empezó a trabajar. 
Y ahora que toi bien, toi yo mal. Tengo 75 años, hechos en mayo, y no hago nada. Salgo con un palo por ahí y voy a caminar por Palacio, y en cenando vamos p’ahí pa junto a la iglesia y tamos igual hasta las once la noche todos los jubilaos. Vienen los paisanos, vien Chano, vien Lías, los que tan jubilaos, y tamos ahí muy bien, hablando y riéndonos; algún comentario siempre lo hay. Ahora púsonos un banco el Ayuntamiento y va a ponenos otro. Porque dije yo al alcalde: “Hay que ponenos bancos que somos lo menos diez.” Y también voy a misa. Siempre me gustó. En mi casa, la mi familia era muy religiosa. Mi buola toda la vida fue a misa. Dios nun la protegió pero bueno, Dios nun tien que ver con la política. La política ye uno y la religión ye otro completamente distinto. Porque a veces dícenme: “Tú, con lo que pasaste, ¿cómo vas a misa?” Pero voy porque me gusta y porque qué tien que ver.
Pero hoy la vida ye mucho mejor en todos los sentidos. Nun sabemos lo que vamos comer ni lo que vamos vestir. Cobramos todos los meses, yo cobro 64.000 pesetas, y hay libertad plenamente. Ahora puedes hablar lo que quieras que nadie te puede decir nada. Y las mozas también. Antes, cuando íbamos a la fiesta del Valle, al oscurecer teníamos que tar en casa. Y ahora, cuando vamos nosotros a acostanos, marchan las mozas pal baile y vienen por la mañana. Hoy hacen la vida de noche, si van de día no hay nadie. Nosotras eso nun lo podíamos facer. Y además íbamos andando a todos sitios, a Santa Ana, a la fiesta de Cogollu, a Valdemora, a San Román, a todos sitios. 
Y hubo épocas peores y mejores.
Pero había una paisanina en Gijón que te acertaba todo mirando namás. Nun sé cómo era, yo tovía nun lo creo del todo y eso que fui tres veces a vela. Yo fui porque en mi casa tenía muy mala suerte. Muriérame una vaca, que era una preciosidad, y muriéranme muchos xatos. Y entonces díjome una de Ferreros: “Tienes que ir ver una señora que hay ahí en Gijón, que vive en la calle Fuente del Gal y que lo adivina todo.” Y yo, como tenía tan mala suerte, fui. Pero resulta que aquella paisana, que tenía 80 años, cuando llego nun me quier recibir. Y entonces digo: “No, pues tien que recibime porque yo tengo mucha falta hablar con usté.” Y diz ella: “Pues hoy nun te puedo recibir, tienes que venir otro día.” Y diome una fecha y fui. Y cuando me recibió, dijo ella: “Tú vienes aquí por esto, y por esto, y por esto. Porque te pasa esto y esto.” Yo sin habla-y nada. Ella cogióme la mano y díjome: “¿Tú nun crees nada, eh?” Dije yo: “No.” Diz ella: “Tú, si es verdá dime si es verdá, ahora no me digas que no es verdá siendo verdá, que me desconciertas.” Y volvía: “Tú no crees nada.” Y yo: “No, no, la verdá que nun creo.” Diz ella: “Pues hija, tienes que creer, porque tú, la casa tiénesla luminosa pero la cuadra tiénesla negra. Y tú tienes que pasar la carretera pa ir a la tu cuadra. Tienes que ir por un caminín que sube y tú nun tienes miedo a nada, tú vas igual a las tres de la mañana a la cuadra si tienes una vaca mala.” Y entonces dije-y yo: “Sí, ye verdá, nun tengo miedo.” Y luego diz ella: “Mira, ahí por aquel tendejón tienes una ventana y esa ventana tiénesla abierta, y cuando llegues ciérrasla porque esa ventana quítame de trabajar. Y tienes las vacas todas entrando a la derecha.” Y ye verdá que las tengo entrando a la derecha. Y dizme: “Tienes una pinta, y esa pinta va a parir y, si no hago yo algo, va traer la cría muerta. Y va traer una xata.” Y igual que lo dijo pasó. Diome un agua y un cachín de cera y dizme: “Cuando vayan las vacas a parir, en la cabeza y en el llombo, haces-ys una cruz. Y en las ventanas y en la puerta, ahora en cuanto llegues, haces una cruz. Y ya verás cómo a ti te va bien.” Y fue verdá. 
Después fui pa otras dos casas más porque ella nun quería ver gente nueva. Decía: “Yo, si es para hablar de la guerra no trabajo, porque una vez hubo un robo, y dije quién hubiera robao y trájome muy malas consecuencias.” 
Y tenía 80 años aquella paisanina. Y tenía una hija que nun-y dejaba trabajar. Siempre taba la hija: “Mi madre nun puede trabajar, mi madre nun puede trabajar.” Y un día pregunté-y: “Oiga, ¿usté nun tien ninguna nieta que la sustituya?” Y diz ella: “Sí, tengo una pero nun-y deja la madre. Yo empecé de seis años, que decía-y yo a mi madre, va morir fulano, y decía ella, ¿por qué lo sabes? Porque lo veo. Y el marido mío sabía yo que iba a morir. Levantóse un día pa ir a trabajar, y cayó en la cocina cuando taba dando-y el café, y sabía yo que moría.” 
Era una cosa increíble. Yo no sé qué poderes tendría aquella mujer. Fui también pa la casa del Moreno, con la suegra, pero no la quiso recibir. Y fui entonces por ellos, y dijo: “Esa casa, va un reguero de agua sucia por detrás de ella.” Y era verdá. “Y tan todos los árboles aquellos en flor.” Y era verdá también porque era cuando las cerolales taban en flor. “Y tien una casa muy buona. Y ahí hay una chiquilla que tien que cuidase mucho porque dan-y muchos resfriaos a la vejiga. Y que nun entre en una tenada que tien allí fuera porque hay polvo y a esa chiquilla haz-y mal el polvo.” Era increíble. Yo tovía tengo el agua bendita y la cera que me dio. Ella dijérame: “Mira, esta agua destápala porque si no va a reventate la botella.” Y fíjate que ta ahí lo menos 18 años y nun güel. Aquella mujer era mágica. El mi Manolo nun me dejaba ir porque decía que todo eso no existía, que era una brujería. Pero existía porque a mí pasóme y yo nun creía en nada. Lo que sí nun creo ye en el mal de ojo. Nun creo porque si no tábamos la mitá muertos. Si las maldiciones o el mal de ojo se cumplieran tábamos la mitá muertos. Pero lo de esta paisana, sí. Llamábase Dolores. Y otra vez dizme ella: “El tu marido ta algo de los bronquios como yo, y ye más viejo que tú.” Fui también pa una que llaman María, que tenía muy mala suerte. A ella hubiera-y muerto el marido. Y entonces dizme la paisanina: “En esa casa tan muy mal porque murió el marido, y el marido ta desesperao porque el reló que tenía era pa la mujer y robó-ylo un hijo. Y ese reló tien que lo tener ella.” Y en eso vine pa casa, y dije yo: “Bueno, María, dizme esto, así que a ver quién tien el reló de Vicente.” Y ella, María, tenía muy mala suerte y sigue teniéndola porque murió-y el marido, y a un hijo dio-y una parálisis con cuarenta años y anda en una silla de ruodas, y luego tuvo un rapacín con cáncer. Pero el rapacín salió alante. Dije-y yo a la paisana: “Ah Lola, ¿usté ese rapacín velo salir alante?” Y diz ella: “Sí, sí, ese rapacín sal alante, nun muore.” Era increíble esa mujer. Decía ella: “Mira, yo hago así y véolo, toi viéndolo, véolo todo. Desde los seis años ya tenía yo poderes pa hacer esto.” Y a ella llevaban-y regalos de un sitio y otro. Había una que tenía una hija con cáncer y fue allá. Y tenía que ir a Estados Unidos, y dijo-y: “Si no ve posibilidades de que se cure, usted dígamelo que no voy.” Y diz ella: “Sí, ahí es donde tiene ella la vida. Tienes que llevala ahí, sea como sea y gastes lo que gastes.” Y fue y salió alante. Era impresionante. Yo tovía nun creo ahora del todo, pero a mí mucho me valió. Ahora no hay dónde acudir. Porque veo a veces el periódico y anúncianse por ahí por Oviedo que echan el agua, pero quién sabe. Esa paisana cobraba dos mil pesetas, tampoco era que te explotara. Una paisanina pequeña que se llamaba Dolores. Ojalá viviera ahora. Ibas allá y dicíatelo todo, cómo te iba a ir, qué iba a pasate, todo.

(Del libro La mio vida ye una novela)





Paquita Suárez Coalla nació en 1965 en Asturias, España, y estudió Filología Española en la Universidad de Oviedo. Trabajó un año en la Universidad Autónoma del Estado de México (Toluca) y desde 1994 vive en Nueva York, donde es profesora de español y literatura en BMCC, en la Universidad de la Ciudad de Nueva York. Tiene un libro sobre la obra de Adolfo Bioy Casares, Lo fantástico en la obra de Adolfo Bioy Casares, y un libro de testimonios sobre las mujeres del campo de Asturias, titulado La mio vida ye una novela. Desde su llegada a Nueva York empezó a escribir ficción y en 1999 publicó Juegos de niñas, de la Colección Tertuliando, y en el 2000, la plaquete en asturiano “Conseyos”. Tiene en preparación un libro de cuentos titulado “Historias de mi madre y de mi pueblo”, escrito en castellano, y otro en asturiano “Pa nun escaeceme”, que será publicado en breve. Tanto en los cuentos como en el libro de testimonios, Paquita trata de reflejar el espíritu del mundo rural en el que se crió, y de dar voz a las mujeres del campo que por tantos siglos han sido silenciadas.

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