ESTA ES MI HISTORIA
Priscilla de Jesús

        Se puede decir que mi madre fue obligada por mi abuela a casarse con el hombre que más tarde se convertiría en su esposo, mi padre, quien le causaría a mi madre amargura, sufrimiento y desilusión. Supuestamente, mis abuelos creían que él era el mejor partido para mami y el que le convenía, pero más bien pensaron que a ellos también les convenía, ya que él los estaba comprando dándoles comida, tal vez dinero y mintiéndoles. En ese tiempo mi madre trabajaba en la capital, vivía con una familia donde de día trabajaba como sirvienta y de noche iba a la escuela. Mami tenía su novio y estaba muy enamorada de él. Mi abuela estaba al tanto de todo pero no le importó y seguía empeñada en que el que le convenía era Ramón Genao. 
Cuando la hermana mayor de mami dio a luz a su primera niña, mi abuela no quiso cuidarla durante el riesgo y se le hizo más fácil mandar a mami a cuidarla, no sin antes informar a Ramón Genao de dónde estaría, por cuánto tiempo y cuándo se iba, para que él se fuera detrás de ella. Y así ocurrió. Él la persiguió a todos lados y a mami no le tocó más que aceptar, aun despreciándolo. Antes de mami irse, se despidió de su novio y le dijo que pronto regresaría para estar juntos, pero por culpa de mi abuela nunca más lo volvió a ver. Como algunas personas de la familia de Ramón Genao viajaban a los Estados Unidos, un día llegó una tía y planearon un viaje a la playa y, como siempre, mi abuela le aseguró que mami iría con él. Cuando mami se enteró se negó y le dijo que ella tenía su novio en la capital y que no quería tener nada con ese hombre. La respuesta de mi abuela fue que ya le había mandado un recado a su novio diciéndole que ella no regresaría porque tenía otro novio. Ese día él la fue a buscar muy temprano. Cuando llegaron a la casa de los padres de él tuvieron que esperar por el chofer y, mientras llegaba, enviaron a un sobrino de él a hacer un mandado en caballo. El sobrino tuvo un accidente horrible y lo tuvieron que llevar a emergencias, pero los únicos que fueron al médico fueron mi padre y mami. Cuando salieron del hospital era muy noche y mami no pudo regresar a la casa de sus padres y, al día siguiente, volvieron al hospital para enyesar al niño. Mi abuela estaba esperando a mami para decirle que no regresara a la casa y que se quedara con él, puesto que estaba desacreditada en todo el barrio y que no podría volver a casa sin antes casarse con Ramón. Mami se tuvo que casar e irse a vivir a la capital con su esposo y el sobrino del accidente. De esa relación nací yo. 
Mi padre era un borracho asqueroso, mujeriego como él solo. Mientras estaba con mami tenía varias mujeres. Mi madre me contó que cuando ella estaba embarazada, él tenía otras mujeres embarazadas y un día una de ellas llegó a la casa de mami pidiéndole que por favor le diera de comer, que él no le daba nada. Sé que tengo dos hermanos, que soy tía de dos niñas, pero el problema es que sólo sé que el hombre vive en un campo de la República y que la hembra tiene dos niñas, es madre soltera y vive en la capital. Lo curioso del caso es que todos tenemos la misma edad y éstos son los únicos que sabemos que existen. Cuando nací, él abandonó a su sobrino, a su esposa y a mí con tan sólo tres meses de nacida. Su sobrino, que es el único que quiero de esa familia, trabajaba para ayudar a mami, ya que con el trabajo de mami no era suficiente para los tres. Durante cuatro años mami me sacó adelante ella sola y después conoció a quien sería su segundo esposo. Recuerdo que se querían mucho pero la familia de él no la aceptaba porque era pobre, prieta, caballo malo y fea. Se encargaron de que ella sufriera, diciendo que este hombre se merecía una mujer blanca, de ojos azules, con pelo bueno, con dinero y de buena familia. Todo lo contrario a lo que era mami para ellos era lo mejor. De esta relación nació mi hermano pero, como siempre, su buena suerte no duró mucho porque la familia de su esposo se encargó de destruir el matrimonio metiéndole cizañas a él. Recuerdo perfectamente un día que se puso como loco porque le dijeron que mami lo engañaba. Trató de matarla y, si no hubiese sido por el esposo de mi tía que llegó a tiempo, no sé lo que hubiese pasado. Después de lo ocurrido se desapareció dejando a mami arrimada en la casa de su madre. Mami no se quería ir sin antes saber qué había pasado con él y cuando se enteró que estaba viviendo en Nueva York se tuvo que ir de la casa porque ya no soportaba tanta humillación por parte de su familia. Cuando esto ocurrió, nuestra vida dio un giro de 360 grados. Mi hermano y yo tuvimos que separarnos de nuestra madre e irnos a vivir con mi abuelita. Nunca antes me había separado de ella. Al mi mamá quedarse sola y con dos niños, mi hermano con tres años y yo con seis, nos tuvo que llevar al campo a la casa de mis abuelos y ella se fue a la capital. Fue muy difícil la separación de nosotros, aunque estábamos con mi abuela. Para poder quedarnos con mi abuela, mi madre tuvo que trabajar de día y de noche porque tenía que mantener a una familia de ocho personas por el simple hecho de que mi hermano y yo estábamos viviendo ahí. De día, mami trabajaba en una zona franca y de noche en un bar de mala muerte, sirviéndoles tragos a hombres borrachos. Me acuerdo que nos visitaba una vez al mes y le escuchaba decir a mi abuela cómo sufría, que sólo dormía tres horas al día y descansaba una. En algún momento, mi abuela me llegó a hacer la vida cuadritos. Me peleaba mucho, tenía que hacer lo que ella decía y si no la obedecía decía que era una haragana. Cuando se enojaba conmigo me gritaba en la cara que mi padre no me quería, que me había abandonado a los tres meses porque le estorbaba, que iba a salir mala como él y, tal vez por estas razones, crecí odiando tanto a mi padre que esta es la hora que no lo puedo perdonar. Con el transcurso de los años mami pudo reunir dinero para estar todos juntos como una familia y así ocurrió. Al cabo de cinco años ya estábamos juntos en la capital, pero todo era diferente porque no nos conocíamos como antes. Éramos como extraños; ella no sabía las cosas que me gustaban y yo no podía entender muchas cosas que en ese tiempo estaban pasando, como por qué mi mami tenía que irse a trabajar a las seis o siete de la noche y vestirse de fiesta, arreglarse el pelo, ir bien maquillada y regresar de madrugada o casi amaneciendo. Ahora que estoy grande la entiendo y estoy cien por cien segura de que todo lo hizo por amor a nosotros. Después de dos años, tuvimos que separarnos de nuevo y esta vez fue por más de cuatro años. A mi mamá se le presentó la oportunidad de casarse con un mexicano para obtener la visa americana en México porque en República Dominicana se la habían negado. Pero el proceso consistía en que ella tenía que irse a México por aproximadamente seis meses, luego regresar a República Dominicana para estar dos meses con nosotros y venir a los Estados Unidos, y así sucedió todo. Antes de irse nos dejó en el apartamento donde vivíamos con su mejor amiga para que nos cuidara, y con dos tías más. Mi madre duró cuatro años para poder viajar al país, ya que no tenía papeles migratorios. Cuando mami regresó conocí a mi hermanita. Por foto conocí a quien sería mi padrastro al llegar a este país y quien dejó en mí huellas imborrables de dolor, sufrimiento y un inmenso rencor. Durante este periodo la relación entres mis tías y la amiga de mami se deterioró por completo, al cabo que tuvo que irse de la casa porque mis tías decían que ella se robaba el dinero que mami mandaba, cosa que hasta el día de hoy pongo en duda porque ella nos trataba como si fuéramos sus hijos. Nos cocinaba temprano y siempre nos tenía bien arreglados y limpios. Cuando ella se fue de la casa mis tías no nos atendían para nada, cuando llegábamos de la escuela al medio día yo tenía que ir a comprar la comida para que cocinaran y, si no lo hacía, me pegaban. Llegó el punto en que no aguanté más y le conté a mami lo que estaba pasando, y ella tomó la decisión de mandarnos a mí y a mi hermanito al campo donde una tía en Santiago. Con mi tía Julia me llevaba súper bien. Tuve que aprender a cocinar por mi propia cuenta porque ella trabajaba y yo tenía que mandarle la comida al trabajo. Recuerdo que por un mes y medio tuvimos que botar la comida porque nadie se la podía comer de tan mala que quedaba. En todo este tiempo mi tía tuvo una niña que cuidé desde que nació hasta los tres años. La niña me llamaba mamá y así me pasaron cuatro años sin ver a mi madre. Dejé de ser niña para convertirme en señorita y con el sufrimiento de que ella no estuviera conmigo. 
En diciembre del año 1997 vine a Nueva York dejando atrás a toda mi familia, mis amigos, mi primer amor y los lindos y malos recuerdos. Al llegar a este país, con un idioma que odio con toda mi alma, con una cultura totalmente diferente, todo fue horrible porque no tenía buena comunicación con mi madre. Tuve una depresión por más de tres meses y lloraba todos los días porque quería irme a mi país. En este país fue donde vine a ver a mi papá por primera vez en mi vida, nunca antes lo había visto, ni siquiera en foto. Aquí también vine a vivir en carne propia lo que es la violencia doméstica ya que el papá de mi hermanita me odiaba tanto como yo a él. Viví bajo este sistema de vida, que es el más horripilante que le puede pasar a una familia, por más de tres años. La amenaza de mi padrastro para mantenernos con él era que nos iba a deportar y le iba a quitar la niña a mi mami, cosa que mami ni muerta permitiría. Él no nos dejaba tener amistades, yo no podía hablar por teléfono porque se molestaba y, cuando estábamos en frente de otras personas, teníamos que fingir que éramos una familia completamente feliz. Así estuvimos hasta que él y yo tuvimos un enfrentamiento. Me llamó la policía para que me sacara del apartamento porque él era quien pagaba el alquiler y no me quería en su casa porque, según él, yo era mala hija, llegaba tarde todos los días a casa, no respetaba a mi madre y era una sinvergüenza. Esa noche dormí fuera de mi casa por primera vez, me quedé en casa de la vecina y me pasé la noche entera llorando con la preocupación de que le hiciera algo a mi madre o a la familia porque en años anteriores la había golpeado y había estado preso dos semanas. Los paramédicos habían tenido que atender a mami porque él la había mordido tan fuerte en un brazo que todavía tiene la marca. Como en todos estos casos, él juró que iba a cambiar y, después de un tiempo, volvió hacer lo mismo. Todas estas cosas que dijo de mí, todo mentiras porque yo nunca salía de casa más que para ir a la escuela, hicieron que mami tomara las fuerzas necesarias para separarse de él. Al día siguiente fue a la policía a ver el reporte que había escrito de mí y ahí tomó la decisión de contar la verdad de lo que ocurría y la policía lo sacó a la fuerza del apartamento.
Esos fueron los peores meses de mi vida ya que tenía mucho miedo de me llamara por teléfono para decirme que me iba a matar. Aunque teníamos una orden de protección en contra de él, yo tenía pánico hasta de mirar por la ventana del apartamento. Sentía que me estaba persiguiendo a todas partes y era tanto el miedo que tenía que mami, muchas veces, me llevaba a la escuela a las seis y media de la mañana y, cuando regresaba en la tarde, una amiga me acompañaba a la casa y, cuando ella no podía, salía corriendo de la escuela. Y así pasamos cinco largos meses. A parte del miedo que teníamos, estaba la preocupación por la situación económica. Mami sólo ganaba $250 dólares a la semana y la renta era de $767. O sea, estábamos sin dinero suficiente, sin familiares, nada más contábamos con tres amigas íntimas de mami. Pero como hay un Dios en el cielo que todo le ve, una de sus amigas le consiguió trabajo en el hotel donde ahora mami trabaja. Yo terminé la secundaria, conseguí trabajar en un supermercado y empecé la universidad. Ya después que mami empezó a ganar un buen sueldo, empezamos a vivir mejor y tener cosas mejores. Antes mi padrastro era quien nos compraba absolutamente todo porque todas las semanas le cogía el sueldo a mami y lo gastaba en lo que él quería. 
La vida nos cambió para bien, económicamente progresamos mucho. Mami conoció el amor de su vida y, aunque tienen sus diferencias y pelean de vez en cuando como toda pareja, se aman. Mi hermano estudia en la universidad, creo que ya olvidó todo lo ocurrido y mi hermanita ya no es tan nerviosa como antes. Yo he tratado de llevar una vida normal en lo que cabe, porque todas estas cosas me han afectado mucho y cada una de ellas me ha enseñado algo más sobre la vida. Pero lo más lindo de todo esto es que ahora sí somos una familia de verdad, con sus peleas, alegrías, tristezas y con mucho amor. En estos momentos estoy trabajando en un restaurante, terminado mi carrera universitaria en Español y quiero ser maestra como la persona que me motivó a escribir mi historia, la profesora Sonia Rivera-Valdés. Mi madre es lo más querido que tengo en este mundo, es mi razón de vivir, es la persona que me dio todo lo que tengo en estos momentos, sin ella no sé quién fuera o dónde estuviera. Gracias mami. ¡TE AMO!



***
PRISCILLA DE JESÚS nació en Santo Domingo, República Dominicana, en 1982 y hace siete años que vive en Nueva York. Es estudiante de Español en York College y uno de sus anhelos es doctorarse en literatura y llegar a ser profesora universitaria. El fragmento que se publica forma parte de una serie de relatos testimoniales que está escribiendo. 

LATINO ARTISTS ROUND TABLE